MARCELO CRISTALE

Empresas: las emociones en el ámbito laboral

La aplicación de las competencias emocionales puede aumentar el rendimiento del trabajo en las empresas, y provocar una mejora en la calidad de vida.

Las emociones forman parte de nuestra vida cotidiana, y por ende suceden en el marco laboral, dentro de las empresas.

Por mucho tiempo no fueron contempladas por las disciplinas científicas, pero a finales del siglo XX comenzaron a tener un papel preponderante en las investigaciones dirigidas a comprender y explicar las formas de pensar, sentir y actuar de las personas.

Las empresas y las emociones

Los componentes de las emociones son dos:

  • El estado corporal: comprende diferentes aspectos autonómicos de los músculos, huesos y glándulas endocrinas, los cuales generan un estado de activación general. Este estado prepara el organismo para una respuesta determinada y sirve, además, como vía de comunicación de la emoción hacia los demás.

  • Sentimiento: la experiencia consciente de la emoción, o sentimiento emocional, posee un papel preponderante en el procesamiento cognitivo que el individuo efectúa de la información, tanto por lo que respecta al razonamiento como a la memoria o la toma de decisiones.

La Inteligencia Emocional en el trabajo

Algunos de los estilos característicos que tienen las personas para responder y enfrentar sus emociones son:

  • Ser conscientes de sí mismos: tienen cierta sofisticación con respecto a su vida emocional. Su claridad con respecto a las emociones puede reforzar otros rasgos de su personalidad; son independientes y están seguras de sus propios límites, poseen una buena salud psicológica y tienen una visión positiva de la vida. Su cuidado los ayuda a manejar sus emociones.

  • Sumergidos: son personas que, por lo general, se sienten empantanadas en sus emociones e incapaces de librarse de ellas, como si el humor los dominara. Son inconstantes y no muy conscientes de sus sentimientos, por lo que quedan perdidos en ellas en lugar de tener cierta perspectiva. Hacen poco por tratarse de librar del mal humor, y sienten que no controlan su vida emocional.

  • Aceptadores: frecuentemente son claras con respecto a lo que sienten. Además, tienen tendencia a aceptar sus humores y no tratan de cambiarlos. Existen dos ramas del tipo aceptador; los que suelen estar de buen humor y tienen pocos motivos para cambiarlo, y las personas que –a pesar de la claridad que tienen con respecto a su humor–son susceptibles con respecto al mal humor pero lo aceptan con una actitud abierta, sin hacer nada para cambiarlo a pesar de las perturbaciones que provoca.

Manejo de las competencias emocionales

Para poder alcanzar un adecuado manejo de las competencias emocionales es necesario tener reconocer, en primer lugar, la existencia de las emociones. Y en segundo lugar, poder identificarlas para gestionarlas adecuadamente.

Una competencia emocional es una capacidad aprendida basada en la inteligencia emocional.

Hoy en día el crecimiento profesional exige la incorporación y el desarrollo de todas y cada una de las competencias afectivas. Ninguna persona puede prescindir de ellas si quiere conseguir un buen nivel de calidad y satisfacción de vida.

El resultado de su aplicación puede aumentar sustancialmente el rendimiento en el trabajo, y provocar una mejora en la calidad de vida y niveles de felicidad.

Las competencias emocionales permitirán decidir conductas que van a facilitar la adaptación al entorno.

Cuanto más vocabulario emocional se incorpore, más fácil va a resultar gestionar lo que se siente.

“El cerebro emocional responde a un evento más rápidamente que el cerebro racional.”
DANIEL GOLEMAN

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